JUNIO 2009

 

 

Mario Benedetti

Cultura made in Uruguay

Por George Kennedy

caricatura por Daniel Pontet

'Publicado por el Nuevo Herald, Miami'

Sin lugar a dudas es mucho lo que podría escribir sobre Mario Benedetti. Como también es mucho lo que Mario dejó a la cultura uruguaya. Su vida fue tan intensa, tan llena de sabores, de idas y venidas, el exilio, las convicciones, la militancia política, su obra, vasta, viva y realista, que no sabría por dónde empezar. Empezaré pues, por la parte que más me interesa destacar de él como ser humano, como hombre que bien supo transitar la vida con pasión, no porque considere los otros aspectos de su existencia como algo meramente trivial, como algo a lo que apenas deba hacerse referencia, sino porque creo que por sobre todas las cosas fue la literatura lo que hizo de Benedetti lo que es: Uno de los mejores exponentes del pensamiento hispanoamericano, defensor de la democracia y amante de las letras.  Como ya habrán observado resulta prácticamente imposible hacer referencia a su obra sin enrabar el tema con su actuación en la actividad político – partidaria de nuestro país. Aquí hago un paréntesis para decir que fue cofundador de una de las facciones políticas que integran el Frente Amplio y que defendió hasta el día de su muerte sus ideales comunistas. Mucho se ha hablado y escrito sobre Mario, sobre su gestión cultural, sobre su narrativa, su poesía (admirada en el mundo entero), su crítica, su periodismo, pero poco se ha hablado de su obra como tal, desnuda y sin nada que la empañe o la encumbre, sin incurrir en el pecado de justificarla a través de su ideología marxista.  Si algo deberíamos destacar de él, es su condición de pensador.  Mario Benedetti logró fundir su obra a su vida de tal forma que le dio a la primera lo más genuino de la vida, y a la segunda la armonía inconfundible de una constante creación del espíritu. Claramente podemos ver esto en obras de primer orden como son “La tregua”, “Poemas de oficina”, “Montevideanos”, “El país de la cola de paja”, “Gracias por el fuego”. En todas estas obras no sólo observamos el talento del autor, sino que además percibimos la notable densidad intelectual del Uruguay de aquellos tiempos. Tuve la suerte de conocer a Mario allá por el año 1992, en Montevideo. Por aquellos tiempos escribía yo una columna deportiva para un semanario local que ya no existe, cuya evocación hoy me llena de nostalgia, y aunque al presente me encuentre tan apartado del deporte, por lo menos en el mundo editorial, me dedicaba a ello con la misma pasión y empuje con que lo hago en la actualidad.

Recuerdo que estaba una tarde en la sala de redacción, transcribiendo una nota vinculada al ajedrez, cuando se acercó a mí el director del periódico para decirme que al día siguiente viajábamos él y yo a la capital del país. Pregunté, claro está, el motivo de aquel repentino viaje, pero sólo obtuve un largo silencio cargado de misterio. A la mañana del otro día, era un martes, me acuerdo que llovía, llegamos a una Montevideo gélida e indiferente. A las diez llegamos a la radio donde nos esperaba el flaco Omar Gutiérrez, todo un personaje para mí en aquel entonces. Ahí supe que visitaríamos a alguien importante, pero nada más que eso. Debo ser honesto y decir que pensé que se trataba de un político. Jamás imaginé que algunos minutos más tarde conocería al hombre que había escrito aquella maravillosa novela titulada La tregua, que para entonces había yo leído no menos de dos veces. «Pasen, los está esperando en el estudio», nos dijo una muchacha de pelo castaño en el umbral del zaguán.  Imaginen mi sorpresa cuando vi que aquella persona misteriosa que íbamos a entrevistar era nada más y nada menos que Mario Benedetti. Nos atendió con su habitual hospitalidad, conocida por todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo. Sin que se lo preguntáramos, nos contó cuánto le significó su primera experiencia cubana. No fue el país lo que lo dejó impresionado, para él Cuba era un país como cualquier otro; fue su gente, el esfuerzo de un pueblo hermano por construir, en condiciones adversas harto conocidas, una vida más digna, más igualitaria; sueño de muchas generaciones hispanas. Por supuesto, no pudo dejar de mencionar nuestras imperfecciones como sociedad.  En ese momento aprendí a respetar y a comprender la manera en que Mario pensaba. Era radical, sin dudas, en muchos aspectos, fundamentalmente en cuanto refiere a su vida política, pero defendía sus ideales y sus convicciones con tanta pasión que uno siempre sentía placer oyéndolo hablar del mundo mejor y más justo que quería para nosotros, para nuestra sociedad uruguaya, la que él tanto amó y por la que tanto luchó no sólo a través de sus páginas, sino a través de sus actos.  

A esa misma pasión supo trasladarla con maestría a cada uno de sus libros, novelas, cuentos, ensayos y poesías.  Mario Benedetti amó la poesía, de igual manera amó otros géneros literarios. La poesía, decía Benedetti, es “un altillo de almas”, un “tragaluz para la utopía” y “un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la muerte”. Fue también la poesía el instrumento que le permitió forjar una carrera literaria armonizada con las tareas más diversas: empleado en un taller de automóviles, taquígrafo, cajero, vendedor, empleado contable, funcionario público (se desempeñó en la contaduría general de la nación), traductor y periodista, antes de dedicarse por entero a las letras.  Afirmaba Benedetti: “Cuando tengo una preocupación, un dolor o un amor tengo la suerte de poder transformarlo en poesía”.   Fue un poeta y, por esa misma razón, un escritor cabal, que supo escuchar a su propio corazón, el nuestro y el de cada latinoamericano, siempre fiel a los movimientos sociales que tanto defendió. Si hubo un escritor comprometido con la causa social, fue él. Irónicamente,  fue esa carátula de escritor comprometido la que le negó el merecimiento de muchos premios internacionales; aunque él manifestase siempre que el mejor reconocimiento que puede tener un hombre de letras es el de ser leído por la gente. De hecho Mario Benedetti fue leído por muchos, generaciones enteras han sido marcadas por su pluma, en varios idiomas; probablemente todos  coincidimos en que fue el escritor uruguayo que a más cantidad de gente llegó, el que puede ser leído y comprendido por todos, el del lenguaje coloquial, aunque sin descuidar por ello el estilo y la calidad, el que mejor supo plasmar en el papel los problemas concretos de sus coterráneos, el que supo expresar sus ideas con excelencia…Mario Benedetti fue autor de más de ochenta libros, lo que no es poco para un solo hombre, como solía decir el cuentista Horacio Quiroga refiriéndose a él mismo; escribió incluso guiones de cine, dos de sus novelas fueron llevadas al cine por el argentino Sergio Renán, “La tregua” y “Gracias por el fuego”.  Fue galardonado con tres importantes premios: El Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Premio Iberoamericano José Martí y el Premio Internacional Menéndez Pelayo. Su última obra publicada fue el poemario “Testigo de uno mismo”.   Mario nos legó una obra rica, comprometida y coherente, propia de un hombre que creyó en la vida y en el amor. Toda su obra está marcada por el cariño y por la solidaridad. Más que su propia muerte le preocupaba la muerte de la Humanidad. «Cuando llegue el momento de ser nadie, el mundo seguirá y no lo veremos. […] Lo cierto es que no somos dueños de este cuerpo, tan sólo lo alquilamos, hasta que llega el óbito y nos da desalojo. Y entonces ser nadie es bastante menos que ser poco». “Vivir adrede” fue uno de sus último libros, en éste refleja la angustia con que vivió sus último tiempos, no digo la pérdida de la esperanza, pero sí el descreimiento en la humanidad. Para él todo cambió después de la dictadura, dijo siempre que el gobierno de facto sólo “nos dejó un legado de mezquindad, la gente perdió un poco el sentido de solidaridad que antes era muy fuerte.” “Hoy, por primera vez, soy bastante pesimista, a pesar de haber sido siempre un optimista por vocación. Creo que si la humanidad sigue por ese camino llegará al suicidio”, dijo el propio Benedetti. Más allá de estas palabras, su legado literario es tan grande y tan importante que jamás será borrado.   Mario Benedetti murió en Montevideo el 17 de mayo de 2009, a los 88 años de edad, sufrió el exilio y volvió al país después de 12 años, aunque jamás volvió del todo… Vaya desde aquí mi agradecimiento a Mario por las cosas hermosas que nos dejó, agradezco a la vida el haberlo conocido, jamás olvidaré aquella expresión sincera, sus ojos tristes, paternales, su sonrisa dulce e inocente.

 

 

Acuario Literal

 

Salpican las letras

y zambullidas en un diccionario desordenado

se funden en el mar de palabras

mojadas

profundas

Busco respuestas

y la humedad impregna mi mente… en tropel

hidratando el lecho de significados

vivos

ciertos

Flotan conceptos

y el agua viva nada en mi espíritu… armónico

exaltando la transparencia

divina

redimida

Nacen oraciones

y líquidas fluyen en mi aire… respirado

probando el saber hondo

justo

dulce.

Empapadas de escritura

ya emergen en tinta y papel… tangibles

bebiendo copas de sabiduría

llamada

escogida,

las palabras

de mi acuario literal

 

 

 

Escribes

 

Su mano

recorre lontana

campos blancos, puros

Siempre, incesante

en cópula continua 

fecunda

la virgen planicie

que procrea

creíble

la idea que nace

concupiscente

 

linaje de rasgos y garabatos

concebidos del verbo

del sabio

expanden y crean

páginas ilusas,

gente ilusa,

nutridas de aquel don

de letra fiel. 

 

Por  Jorge Merello

jorgemerellos@hotmail.com
 

 

 


 
 
 
 

George W. Kennedy

 

 

 
 
 
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