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Mario Benedetti
Cultura made in Uruguay
Por George Kennedy

caricatura por Daniel
Pontet
'Publicado por el
Nuevo Herald, Miami'
Sin lugar a
dudas es mucho lo que podría escribir sobre Mario Benedetti.
Como también es mucho lo que Mario dejó a la cultura uruguaya.
Su vida fue tan intensa, tan llena de sabores, de idas y
venidas, el exilio, las convicciones, la militancia política,
su obra, vasta, viva y realista, que no sabría por dónde
empezar. Empezaré pues, por la parte que más me interesa
destacar de él como ser humano, como hombre que bien supo
transitar la vida con pasión, no porque considere los otros
aspectos de su existencia como algo meramente trivial, como
algo a lo que apenas deba hacerse referencia, sino porque creo
que por sobre todas las cosas fue la literatura lo que hizo de
Benedetti lo que es: Uno de los mejores exponentes del
pensamiento hispanoamericano, defensor de la democracia y
amante de las letras. Como ya habrán observado resulta
prácticamente imposible hacer referencia a su obra sin enrabar
el tema con su actuación en la actividad político – partidaria
de nuestro país. Aquí hago un paréntesis para decir que fue
cofundador de una de las facciones políticas que integran el
Frente Amplio y que defendió hasta el día de su muerte sus
ideales comunistas. Mucho se ha hablado y escrito sobre Mario,
sobre su gestión cultural, sobre su narrativa, su poesía
(admirada en el mundo entero), su crítica, su periodismo, pero
poco se ha hablado de su obra como tal, desnuda y sin nada que
la empañe o la encumbre, sin incurrir en el pecado de
justificarla a través de su ideología marxista. Si algo
deberíamos destacar de él, es su condición de pensador.
Mario Benedetti logró fundir su obra a su vida de tal forma
que le dio a la primera lo más genuino de la vida, y a la
segunda la armonía inconfundible de una constante creación del
espíritu. Claramente podemos ver esto en obras de primer orden
como son “La tregua”, “Poemas de oficina”, “Montevideanos”,
“El país de la cola de paja”, “Gracias por el fuego”. En todas
estas obras no sólo observamos el talento del autor, sino que
además percibimos la notable densidad intelectual del Uruguay
de aquellos tiempos. Tuve la suerte de conocer a Mario allá
por el año 1992, en Montevideo. Por aquellos tiempos escribía
yo una columna deportiva para un semanario local que ya no
existe, cuya evocación hoy me llena de nostalgia, y aunque al
presente me encuentre tan apartado del deporte, por lo menos
en el mundo editorial, me dedicaba a ello con la misma pasión
y empuje con que lo hago en la actualidad.
Recuerdo que
estaba una tarde en la sala de redacción, transcribiendo una
nota vinculada al ajedrez, cuando se acercó a mí el director
del periódico para decirme que al día siguiente viajábamos él
y yo a la capital del país. Pregunté, claro está, el motivo de
aquel repentino viaje, pero sólo obtuve un largo silencio
cargado de misterio. A la mañana del otro día, era un martes,
me acuerdo que llovía, llegamos a una Montevideo gélida e
indiferente. A las diez llegamos a la radio donde nos esperaba
el flaco Omar Gutiérrez, todo un personaje para mí en aquel
entonces. Ahí supe que visitaríamos a alguien importante, pero
nada más que eso. Debo ser honesto y decir que pensé que se
trataba de un político. Jamás imaginé que algunos minutos más
tarde conocería al hombre que había escrito aquella
maravillosa novela titulada La tregua, que para entonces había
yo leído no menos de dos veces. «Pasen, los está esperando en
el estudio», nos dijo una muchacha de pelo castaño en el
umbral del zaguán. Imaginen mi sorpresa cuando vi que
aquella persona misteriosa que íbamos a entrevistar era nada
más y nada menos que Mario Benedetti. Nos atendió con su
habitual hospitalidad, conocida por todos los que tuvieron la
oportunidad de conocerlo. Sin que se lo preguntáramos, nos
contó cuánto le significó su primera experiencia cubana. No
fue el país lo que lo dejó impresionado, para él Cuba era un
país como cualquier otro; fue su gente, el esfuerzo de un
pueblo hermano por construir, en condiciones adversas harto
conocidas, una vida más digna, más igualitaria; sueño de
muchas generaciones hispanas. Por supuesto, no pudo dejar de
mencionar nuestras imperfecciones como sociedad. En ese
momento aprendí a respetar y a comprender la manera en que
Mario pensaba. Era radical, sin dudas, en muchos aspectos,
fundamentalmente en cuanto refiere a su vida política, pero
defendía sus ideales y sus convicciones con tanta pasión que
uno siempre sentía placer oyéndolo hablar del mundo mejor y
más justo que quería para nosotros, para nuestra sociedad
uruguaya, la que él tanto amó y por la que tanto luchó no sólo
a través de sus páginas, sino a través de sus actos.
A esa misma
pasión supo trasladarla con maestría a cada uno de sus libros,
novelas, cuentos, ensayos y poesías. Mario Benedetti amó
la poesía, de igual manera amó otros géneros literarios.
La poesía, decía Benedetti, es “un
altillo de almas”, un “tragaluz para la utopía” y “un drenaje
de la vida/ que enseña a no temer a la muerte”. Fue también la
poesía el instrumento que le permitió forjar una carrera
literaria armonizada con las tareas más diversas: empleado en
un taller de automóviles, taquígrafo, cajero, vendedor,
empleado contable, funcionario público (se desempeñó en la
contaduría general de la nación), traductor y periodista,
antes de dedicarse por entero a las letras. Afirmaba
Benedetti: “Cuando tengo una preocupación, un dolor o un amor
tengo la suerte de poder transformarlo en poesía”. Fue
un poeta y, por esa misma razón, un escritor cabal, que supo
escuchar a su propio corazón, el nuestro y el de cada
latinoamericano, siempre fiel a los movimientos sociales que
tanto defendió. Si hubo un escritor comprometido con la causa
social, fue él. Irónicamente, fue esa carátula de escritor
comprometido la que le negó el merecimiento de muchos premios
internacionales; aunque él manifestase siempre que el mejor
reconocimiento que puede tener un hombre de letras es el de
ser leído por la gente. De hecho Mario Benedetti fue leído por
muchos, generaciones enteras han sido marcadas por su pluma,
en varios idiomas; probablemente todos coincidimos en que fue
el escritor uruguayo que a más cantidad de gente llegó, el que
puede ser leído y comprendido por todos, el del lenguaje
coloquial, aunque sin descuidar por ello el estilo y la
calidad, el que mejor supo plasmar en el papel los problemas
concretos de sus coterráneos, el que supo expresar sus ideas
con excelencia…Mario Benedetti fue autor de más de ochenta
libros, lo que no es poco para un solo hombre, como solía
decir el cuentista Horacio Quiroga refiriéndose a él mismo;
escribió incluso guiones de cine, dos de sus novelas fueron
llevadas al cine por el argentino Sergio Renán, “La tregua” y
“Gracias por el fuego”. Fue galardonado con tres
importantes premios: El Premio Reina Sofía de Poesía
Iberoamericana, el Premio Iberoamericano José Martí y el
Premio Internacional Menéndez Pelayo. Su última obra publicada
fue el poemario “Testigo de uno mismo”. Mario nos legó
una obra rica, comprometida y coherente, propia de un hombre
que creyó en la vida y en el amor. Toda su obra está marcada
por el cariño y por la solidaridad. Más que su propia muerte
le preocupaba la muerte de la Humanidad.
«Cuando llegue el momento de ser nadie, el
mundo seguirá y no lo veremos. […] Lo cierto es que
no somos dueños de este
cuerpo, tan sólo lo alquilamos, hasta que
llega el óbito y nos da desalojo. Y entonces ser nadie es
bastante menos que ser poco». “Vivir adrede” fue uno de sus
último libros, en éste refleja la angustia con que vivió sus
último tiempos, no digo la pérdida de la esperanza, pero sí el
descreimiento en la humanidad. Para él todo cambió después de
la dictadura, dijo siempre que el gobierno de facto sólo “nos
dejó un legado de mezquindad, la gente perdió un poco el
sentido de solidaridad que antes era muy fuerte.” “Hoy, por
primera vez, soy bastante pesimista, a pesar de haber sido
siempre un optimista por vocación. Creo que si la humanidad
sigue por ese camino llegará al suicidio”, dijo el propio
Benedetti. Más allá de estas palabras, su legado literario es
tan grande y tan importante que jamás será borrado.
Mario Benedetti murió en Montevideo el 17 de mayo de 2009, a
los 88 años de edad, sufrió el exilio y volvió al país después
de 12 años, aunque jamás volvió del todo… Vaya desde aquí mi
agradecimiento a Mario por las cosas hermosas que nos dejó,
agradezco a la vida el haberlo conocido, jamás olvidaré
aquella expresión sincera, sus ojos tristes, paternales, su
sonrisa dulce e inocente. |
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