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JULIO 2008
JOAQUIN TORRES GARCIA
Por Marcos Torres Andrada

El
28 de julio celebramos la vida, legado y obra del Maestro
Joaquín Torres García. La imagen
más aceptada del Maestro, es la de un pintor original, que
participó en tres vanguardias, (Barcelona, París y Montevideo)
y que formó -contra viento y marea- , una escuela de arte en
Uruguay, el ya casi mítico, “Taller Torres García”. Esa imagen,
por más verdadera que sea, es sin embargo, enormemente
reducida y por lo tanto, es lesiva, al patrimonio cultural de
los pueblos de nuestro continente.
Hay toda una corriente que intenta valorizar la contribución
del Maestro, situándolo en el contexto del arte moderno, cosa
que por cierto es válida, pero lo que no es así de válido, es
limitarlo a ese espacio, aún cuando en el mismo, su aporte es
muy distinto al de los demás “monstruos sagrados”.
La diferencia entre Torres García y sus
contemporáneos, son primero que nada, que ninguno de ellos
dejó una voluminosa obra escrita, en la cual presentaran
sistemáticamente, una Teoría completa del Arte, a la vez que
una reflexión sobre su propia historia en ella; en segundo
lugar, los movimientos de arte moderno, no se caracterizaron
por constituir escuelas y en el caso donde las hubo, éstas no
duraron más de 30 años, como en el caso de la Escuela
Constructivista, ya que en la genialidad de estos artistas,
existe un sello fundamental de individualidad, lo que impide
que compartan sus logros a través de una propuesta educativa.
El éxito de la propuesta educativa del
Taller Torres García, que pese a su reducido número y
difíciles circunstancias, formó una cantidad desproporcionada
de pintores notables, esta sola dinámica lo sitúa en una
categoría muy distinta a la de artistas geniales como Picasso,
Miro, Dalí, Mondrian, y otros. Hay
algo, sin embargo, que siendo aún más notable, ha pasado
todavía más desapercibido, esto es, la obra escrita de Torres
García, que no sólo trata de arte y estética, sino que
presenta reflexiones sobre la cultura, elemento determinante
en el destino de las sociedades y los pueblos, y que son, tan
vigentes ahora como entonces, pero ahora aún más vigentes y
necesarias.
En
este sentido, se puede señalar, que la cultura no es algo
abstracto, pues constituye el sistema de referentes que
contiene las memorias, experiencias, vivencias y conocimientos,
de una sociedad, determinando así el tejido de la realidad
social de la misma. Las
contradicciones y carencias de una cultura comprometen el
crecimiento de los individuos, las comunidades, las políticas
de Estado, la estabilidad económica, la relación con el medio
ambiente y la posición de una nación frente al mundo.
Dicho brevemente, la cultura determina
que una sociedad sea sostenible.
Hay quienes dicen que la producción y distribución de los
bienes, constituyen la “infraestructura” de una sociedad, en
tanto que la cultura e instituciones, son dependientes del
orden productivo, por lo que son “superestructura”. Hay muchas
variables de esta visión, y creo, todas tienen en común ser
erróneas, no solo para las sociedades humanas, sino para
muchas otras especies que requieren de la transmisión de
información y de capacitación para el logro de los recursos
necesarios a sus vidas. Un ejemplo de esto, no sólo lo
encontramos en las especies de primates, sino también entre
los felinos, las orcas, y numerosas especies de aves.
Es decir, la cultura determina que una
sociedad sea sostenible, no sólo desde el punto de vista
espiritual o moral, sino que desde la misma realidad biológica
ya que faculta a una especie a existir en su ecosistema.
La importancia de la contribución del
Maestro Torres García, no se reducen a sus logros como artista,
educador, teórico del arte o a su historia, sino que comienzan
a ser aprehensibles, al considerar sus propuestas sobre la
realidad de la cultura, en tanto, que elemento determinante en
la vida de los pueblos. Desde allí, su aporte, trasciende a
una metafísica que contiene sistemas de conocimiento, homo-cultura
y operativa. La reflexión del
Maestro Torres García sobre la cultura, sitúa el quehacer
humano en el tejido de la biosfera, la que está sustentada
sobre un entramado cósmico, el que a su vez se contempla desde
la perspectiva de una visión de la realidad, en la cual
Espíritu y Materia, son manifestaciones de la misma Unidad
Fundamental de la Vida.
El
aporte Torres -Garciano a la Unidad de América se fundamenta
en encontrar las bases comunes de sus pueblos, sinergizando
sus deferencias, en un tejido interactivo, trabajando desde el
Principio de Estructura y las Leyes de la Armonía. Con
este “canto de alabanza” a la memoria del Maestro, su legado y
obra, invitamos a los lectores a usufructuar de este “rico
patrimonio de los orientales”, que cuanto más se comparte más
se multiplica, como todo aquello que se basa en la Verdad, y
refundamenta, en la genuina valoración del otro, manifiesta
una honesta simbiosis sinérgica, dedicada a actualizar los
potenciales en realidades, para que sean la base de la
convivencia armónica. |
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