María Riccetto: La reina de la zapatilla de punta y el tutú
por Mariela Murdocco
María Riccetto del American Ballet Theatre fue Giselle en la producción del SODRE en Uruguay, dirigida por Julio Bocca.
Foto Ballet del SODRE.
Desde niña María Riccetto nunca imaginó que iba a convertirse en una de las bailarinas clásicas más talentosas del mundo y que iba a integrar una de las compañías de danza más prestigiosas a nivel internacional. Tampoco imaginó que bailaría en los escenarios de mayor calibre, con los más destacados bailarines, en las grandes ciudades del mundo.
Riccetto hace trece años integra como bailarina de ballet, la prestigiosa compañía de danza American Ballet Theatre, donde hace diez años es solista. “En realidad el ABT para mi fue siempre la compañía de mis sueños. Nunca me imaginé que iba a tener la oportunidad de audicionar, de venir a Nueva York y tomar una prueba, de que me vieran, y menos de quedar y menos de estar hablando contigo después de trece años acá adentro. Es una gran familia, he tenido la oportunidad de viajar muchísimo, de trabajar con muchísimos coreógrafos y conocer gente increíble como artista y como ser humano me he enriquecido muchísimo, creo que es uno de los mejores lugares en el que puedo estar hasta ahora”.
Entrevistamos a María luego de un ensayo en uno de los estudios del American Ballet Theatre, donde ensayaba para su próxima obra “La Bayadera”. Su rutina es extenuante, “el horario de trabajo empieza a las diez y cuarto con una clase hasta las once y cuarenta y cinco, y a las doce ya empiezan los ensayos hasta las siete de la tarde. Cuando tenemos funciones que son a la noche terminamos a las cuatro o cinco. Y después ya nos vamos al teatro para hacer la función, son días largos, complicados, pero hay una disciplina y un régimen al que nos vamos acostumbrando,” dijo Riccetto.
Muchos bailarines como María sufren de dolencias físicas, en algunas ocasiones necesitan operaciones, pero ella ha tenido la suerte de haber tenido una carrera muy sana. “Gracias a Dios, solo cosas naturales como puede ser un poco de tendinitis en el Aquiles, o un poquito en la rodilla. O los dolores de cuando te levantas después de una función donde viviste tanto, expresaste tanto, al otro día te sentís como que te hubiera pasado un tren por arriba, pero es lo normal.” Quise saber además si es verdad que los pies de las bailarines sangran…“Sí, puede ser. Pero creo que la gente se imagina la zapatilla manchada de sangre, a veces sí, las ampollitas, llaguitas en los dedos, eso sí puede pasar que te hagan sangrar.”
María se inició en una pequeña academia de ballet en Montevideo, hasta que más tarde se presentó en la Escuela Nacional de Danza que pertenece al estado uruguayo. “Empecé a hacer ballet porque tenía que hacer tiempo mientras salía de la escuela y mis padres volvían de trabajar, entonces me pusieron en una academia de mi barrio. Había como mil niños para entrar en la Escuela Nacional de Danza, entramos veintiséis, de los cuales después de ocho años nos recibimos tres”, dijo.
Desde entonces su carrera como bailarina se tornó en un viaje sin retorno en ascenso al éxito, aunque el salto más importante lo dio cuando decidió emigrar a EEUU, con una beca de la Escuela de Arte de la Universidad de Carolina del Norte. Tal propuesta le llevó años aceptar, dado que María era muy arraigada a su país y a su familia. “En realidad la beca me la dieron cuando tenía catorce años y un mes antes de venirme para acá lloraba todas las noches porque no me quería ir y me quedé. A los diecisiete tenía necesidad de aprender un poco más y desgraciadamente el Sodre no era de las mejores compañías”, recordó Riccetto. Tres años después la oportunidad volvió a tocar a su puerta, “me vine para Carolina del Norte a una escuela maravillosa y al año y medio se me presentó la oportunidad de audicionar para American Ballet Theatre. Como yo extrañaba muchísimo Uruguay, a mi familia y mis amigos, dije voy a probar para una compañía grande y si no quedo me vuelvo a Uruguay, y creo que inconcientemente mi idea era no quedar y volverme a Uruguay, pero audicioné aquí, me tomaron aquí y es mi casa.”
Si bien María ha recorrido los escenarios más prestigiosos del mundo, una de las experiencias más emocionantes fue cuando regresó a Uruguay por primera vez a bailar, invitada por uno de los mejores bailarines de todos los tiempos, su amigo Julio Bocca, con quien ya habían compartido escenarios cuando Bocca integraba el American Ballet Theatre como primer bailarín. “Siempre lo digo: eternamente agradecida. Julio es una persona que como ser humano es super especial y todo lo que está haciendo en este momento por la cultura del país es increíble.”
Bocca, ya retirado como bailarín, se fue a vivir a Uruguay para desempeñar funciones como Director Artístico del Ballet Nacional del Sodre. “Me toca de cerca porque gracias a Dios tengo la oportunidad de volver y compartir el escenario con mis compañeras del Ballet Nacional del Sodre, que fue donde crecí. Ver el teatro terminado, ver el teatro lleno durante diez funciones, con producciones traídas del exterior también, es emocionante y esperemos que siga así. Me gustaría volver más seguido, a veces tengo cosas acá que me lo impiden, pero una vez por año casi siempre se da el regreso. Es como devolverle a mi casa todo lo que me dio para empezar esta carrera que tengo ahora y el reconocimiento que me dan es muy lindo. He pisado millones de escenarios pero como bailar en casa, no hay.”
María también ha incursionado en el cine de Hollywood con la película Black Swan, El Cisne Negro, donde fue la doble de Mila Kunis, “fue increíble ver la diferencia realmente de lo que yo hago bailando en un teatro en vivo, a lo que es el cine donde repiten tanto las tomas, eso fue fascinante”, comentó Riccetto.
Si bien María dice no interesarle la actuación, excepto como complemento a su carrera, esta bailarina lírica se envuelve en sus personajes profundamente. “Un rol que me fascinó hacer, ensayar y aprender fue Gisselle, es una historia de amor, de muerte, de traición, fue maravilloso trabajar ese personaje. Me gustó mucho hacer el personaje de Emilia en Otelo, es maravillosa y es un personaje muy confundido que fue profundo de trabajar. Me gustan esas cosas dramáticas, cuando puedo contar una historia y hacerla mía también.”
Su cuerpo delgado y esbelto, fino como una tabla pero con piernas torneadas y musculosas, es perfecto para cumplir con los requisitos físicos de una bailarina de ballet: hermosos arcos de pie, cuello y brazos largos. Pero lo que más destaca a María es ese talento interpretativo que con su sonrisa ilumina el escenario con una gracia indescriptible, con ese ángel que pocos bailarines tienen.
La carrera de bailarín es limitada en cuanto a tiempo por la gran exigencia física, pero María todavía tiene pilas para rato. Decidir dejar los escenarios es un reto que le llega al bailarín tarde o temprano. “Uy, es algo que me lo pregunto en todo momento, pero que tampoco quiero saber mucho. Definitivamente quiero dejar de bailar cuando me sienta todavía que puedo seguir bailando, no quiero llegar a decaer, si es que tengo un público, que me vean en mi mejor momento. Son muchos años de la vida teniendo ese contacto con la gente, debe ser difícil dar un paso hacia atrás y decir aquí llegue. Pero por ahora me quedan unos años, me siento bien, estoy sanita, gracias a Dios. De repente dejar el clásico en algún momento e incursionar en la danza moderna. Me encantaría tener una escuela y dar clases. Creo que esos son los pasos a seguir y tener una familia, hijos, todo esta como ahí, hay que alinearlo.”
Uno de los momentos más fuertes y tristes de su vida fue cuando falleció su entrañable compañera, su mamá, “yo creo que puso en perspectiva realmente que la vida es corta, que un día estas y otro día no, que hay que disfrutar cada momento y sentirse bien con uno mismo. Mi vida cambió porque ella sabía exactamente todos mis movimientos, donde estaba bailando y eso fue lo que extrañé al principio. Son experiencias de vida que te hacen madurar y que indudablemente influyó mucho en la madurez artística que pueda llegar a tener en el escenario, así que son momentos.”
Mariela Murdocco
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