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Sábado, 21 Enero 2017 00:39

El peligro de líderes populistas para los derechos humanos

  El peligro de líderes populistas para los derechos humanos Por Tharanga Yakupitiyage IPS
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Los dirigentes políticos populistas plantean una peligrosa amenaza para los derechos humanos, y avivan y justifican la intolerancia y el abuso en todo el mundo, alerta el informe anual de la organización Human Rights Watch (HRW).

Entre los muchos desafíos a los que debe hacer frente el mundo, la organización con sede en Nueva York destacó el surgimiento de líderes populistas que emplean una retórica que socava el sistema de derechos humanos, en su informe de 2017 “El populismo amenaza a los derechos humanos”.

“El crecimiento del populismo supone una gran amenaza para los derechos humanos”, subrayó el director ejecutivo de HRW, Kenneth Roth.

Los gobernantes populistas, quienes dicen hablar “por la gente”, consideran que los derechos son “impedimentos”, lo que lleva a que las minorías se conviertan en un chivo expiatorio, y esta sea su forma de atender el descontento público y de resolver problemas domésticos acuciantes.

El presidente electo de Estados Unidos, Donald “Trump y varios dirigentes políticos de Europa buscan llegar al poder apelando al racismo, la xenofobia, la misoginia y el nativismo.

Además, sostienen que el público acepta violaciones de derechos humanos como una supuesta opción necesaria para garantizar el empleo y evitar cambios culturales o atentados terroristas, continuó Roth.

La campaña electoral de Trump mostró esa intolerancia, al atender las frustraciones económicas de los estadounidenses y su temor al terrorismo proponiendo políticas como la deportación de millones de inmigrantes indocumentados, la creación de un registro de musulmanes y el uso de la tortura.

De aprobarse ese tipo de medidas, su gobierno no solo corre el riesgo de violar los derechos humanos, sino de atentar contra todo el sistema que los protege, alerta HRW.

Algunos gobernantes europeos muestran un populismo similar al ganar apoyo popular culpando a la inmigración de los problemas económicos, apunta.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), observó que la campaña de Gran Bretaña para salirse de la Unión Europea, el llamado brexit, empleó “una retórica divisiva, antimigrantes y xenófoba”, y pidió a las autoridades que condenaran ese tipo de discurso.

En Gran Bretaña, hubo algunas mejoras en la reubicación de solicitantes de asilo, pero la primera ministra, Theresa May, mantiene una retórica contra los derechos humanos.

May incluso denunció a “abogados de derechos humanos activistas de izquierda” de demandar a las fuerzas armadas británicas por violaciones en Iraq y Afganistán, y declaró su deseo de exonerar a los efectivos militares que atentan contra ellos en el extranjero.

HRW también criticó que los líderes europeos rechazaran los derechos de ciertos sectores de la población para proteger a otros, y señaló que una vez que se atenta contra los derechos de unos pocos se abre la puerta para que sean socavados en su totalidad.

“A usted podrá no gustarle sus vecinos, pero si hoy sacrifica los derechos de ellos, pone en riesgo los suyos mañana; violar los derechos de unos es erosionar la estructura misma que inevitablemente van a necesitar los miembros de la presunta mayoría”, alertó Roth.

“De hecho, menospreciar los derechos humanos ofrece un camino probable hacia la tiranía”, prosiguió.

El crecimiento del populismo occidental y su muda respuesta a las violaciones envalentonó a otros, legitimando el ataque de dirigentes políticos contra los derechos humanos en el mundo, observa el informe de HRW.

El presidente de China, Xi Jinping, dirigió una de las represiones más duras contra la disidencia, restringiendo la libertad de expresión y controlando el acceso a la información. Por su parte, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan recurrió al estado de emergencia y a leyes antiterroristas para aplastar a la oposición política y a los medios de comunicación.

El presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, cuyos efectivos persiguen brutalmente a la oposición y amenazan a la sociedad civil y a los medios, fue el primero de varios gobiernos africanos en anunciar su intención de retirarse de la Corte Pena Internacional (CPI), un mecanismo esencial para proteger los derechos humanos.

Además, confiado en que los gobiernos occidentales no tomarían represalias, el presidente sirio Bashar al Assad y el príncipe heredero sustituto en Arabia Saudita, Mohammad Bin Salman, siguen violando los derechos humanos atacando de forma indiscriminada a civiles en Siria y Yemen, respectivamente.

La directora adjunta de HRW en la ONU, Akshaya Kumar, también observó un cambio en cómo los líderes populistas responden a la estrategia muy utilizada de “nombrar y denunciar”, y señaló que cada vez más, estos se vuelcan hacia, en vez de alejarse de, la retórica contra los derechos u otras atrocidades e incluso las emplean para reunir más apoyo.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, empleó públicamente políticas y expresiones islamofóbicas y contra los refugiados, desde sostener que la “identidad europea está arraigada en la cristiandad” hasta procesar a solicitantes de asilo por saltar vallas con alambre de púas.

A pesar de las críticas, Orbán no solo reunió apoyo a escala local, sino también continental, para su objetivo de cerrar las fronteras de Europa.

Y el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, mantiene su popularidad a pesar de sus políticas contra las normas internacionales de derechos humanos.

De hecho, reclamó públicamente la ejecución extrajudicial de narcotraficantes y consumidores de drogas e incluso de activistas de derechos humanos en una campaña contra las sustancias ilegales que ya ha dejado miles de personas muertas en ese país de Asia Pacífico.

“No me importan los derechos humanos”, declaró poco después de llegar a la Presidencia en junio de 2016.

Como esos gobernantes no parecen tener vergüenza de violar los derechos fundamentales, Kumar subrayó que es necesario hacer frente a los “abusadores”, incluso a quienes ofrecen apoyo económico, así como a los proveedores de armas.

Kumar señaló al gobierno canadiense como un ejemplo que, en 2006, prohibió financiar a los srilankeses Tigres para la Liberación de la Patria Tamil Ealam (LTTE) tras enterarse de la forma abusiva con la que extraían dinero a la diáspora tamil y de cómo lo utilizaban para cometer otras violaciones.

Y en noviembre de 2016, el Departamento de Estado de Estados Unidos suspendió la venta de fusiles de asalto por 26.000 dólares a la policía de Filipinas por temor de que sirvieran para violar los derechos humanos.

No hay un enfoque único para hacer frente a este problema, pero concentrarse en las crecientes redes que amparan a destacados abusadores, es una forma importante de proteger y de promover los derechos humanos, dijo Kumar a IPS.

HRW también subrayó la necesidad acuciante de que organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y gobiernos defiendan y reafirmen de forma enérgica los derechos humanos, en especial dado que algunos dirigentes “enterraron la cabeza en la arena con la esperanza de que los aires de populismo se disipen”.

Pero en los últimos tiempos, la responsabilidad de hacer frente al crecimiento del populismo y de promover el respeto por los derechos humanos recayó en la población.

“Los demagogos andan por la casuística, reuniendo apoyo popular tejiendo explicaciones falsas y ofreciendo soluciones baratas a problemas genuinos. El mejor antídoto es que el público reclame una política basada en la verdad y los valores sobre los que se construyó la democracia respetuosa del derecho”, señaló Roth.

 

 

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