FEBRERO 2010
CURANDO HERIDAS DE GUERRA CON EL YOGA
Por Suzanne Hoeksema

(IPS)
- Mujeres de Ruanda pueden dormir toda la noche por primera
vez en 15 años, y ven que su depresión y sus dolores físicos
desaparecen gracias a clases de yoga.
"El yoga les devuelve a esas mujeres el
sentimiento de que todavía tienen reservas de vida, de salud y
de juventud sin explorar, de que no están viejas ni
incapacitadas ni enfermas del todo, sino que tienen mucha vida",
explicó Deirdre Summerbell, maestra de yoga y fundadora de la
organización Project Air. Desde su
lanzamiento en 2007, miles de mujeres violadas durante el
genocidio ruandés de 1994, muchas de las cuales se infectaron
con VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida),
han sido beneficiadas por las clases de yoga.
En cooperación con centros de atención
ginecológica que realizan operaciones de fístula a
sobrevivientes de violaciones, la organización ahora prevé
extender sus actividades a las provincias orientales de la
República Democrática del Congo (RDC), uno de los lugares más
peligrosos para las mujeres. Con
el apoyo formal de la Organización de las Naciones Unidas –la
primera dada a una iniciativa de yoga— Summerbell piensa
expandir sus clases también a otros lugares como Burundi,
Sierra Leona y Somalia, y además ha recibido sugerencias para
visitar Afganistán, Colombia, Gaza y Guatemala.
En un reciente viaje a Nueva York,
Summerbell habló con IPS sobre los desafíos de enseñar yoga en
países pobres y azotados por conflictos a personas que han
sufrido un grave daño físico y emocional.
"Al haber pasado parte de mi juventud en
Tanzania, he visto muchas ideas que vienen de Occidente", dijo.
"A pesar de ser bien intencionadas, por lo general son
ingenuas, y yo temía que mi experimento con el yoga se
convirtiera en algo así". Pero la
experiencia demostró ser exitosa, y fue la primera vez que se
incluyó al yoga en un servicio de salud mental programado en
una organización no gubernamental médica africana, WE-ACTx.

IPS:
¿Cuál fue su experiencia al enseñar yoga en un lugar como
Ruanda?
DS:
Es muy diferente de la forma en que las mujeres hacen yoga en
Occidente. Para las ruandesas, el "cuerpo hermoso"
definitivamente no es el principal interés. Y es esto lo que
la hace más efectiva, pues estas mujeres no tienen ideas
preconcebidas sobre el yoga o sobre lo que se supone debe ser.
En nuestras clases, además, nos abocamos
al yoga como ejercicio físico. No necesita revestirse de
espiritualidad. Otra cosa que por
supuesto es muy dura es pedir a las mujeres que sean
físicamente activas cuando sabes que no tienen lo suficiente
para comer y beber. Por tanto, además de las mantas para el
yoga, les proveemos de agua potable y comida. Pero me gustaría
crear cierta sostenibilidad en este tema, enseñándole a las
mujeres, por ejemplo, cómo desinfectar el agua, lo que puede
servir también como un proyecto de generación de ingresos.
En términos de hostilidad, hemos
encontrado ciertas dificultades como resultado de una visión
promovida por las iglesias evangélicas ruandesas de que el
yoga es una forma de satanismo. Pero, para mí, el nombre
"yoga" no es importante. Podríamos llamarlo también
físico-psicoterapia o mitigación de traumas. Es un medio para
un fin.
IPS:
¿Qué tipo de impacto tiene el yoga en las mujeres?
DS:
Una mujer dijo que su cuerpo y sus huesos le dolían todo el
tiempo, y durante el yoga no sintió nada más.
Al principio siempre piensan que no lo
pueden hacer, que es para niños. "Estoy demasiado vieja para
esto", dirá una mujer de 28 años. Pero cuando comienzan a
moverse y a usar sus cuerpos, de pronto se sienten orgullosas
de ser fuertes y terminan con amplias sonrisas en sus rostros.
Con un cuerpo fuerte hay una revolución
en perspectiva. Si te sientes débil, no estás feliz de ti
misma. Pero si estás fuerte, comenzarás a gozar grandes
beneficios psicológicos también. Y
eso se aplica no solamente a las mujeres con las que
trabajamos, sino también a sus familias. Esto es porque traen
a sus hijos o a sus familias enteras con ellas, lo que
significa que a veces terminamos con muchísimas personas
adicionales que miran y participan de nuestras clases.
IPS:
¿Qué está en su agenda? ¿Se expandirá a otras regiones?
DS:
Las personas son muy ignorantes e indiferentes al uso de la
violación como arma de guerra, lo cual es desgarrador. Es un
misterio perpetuo para mí por qué las mujeres toleran esto.
Cada conflicto que usa una herramienta particular hace a esa
herramienta aceptable para el próximo conflicto.
Las mujeres occidentales tienen que
pararse contra de estos crímenes. Éste es uno de los intereses
que tengo en la enseñanza de yoga a mujeres. Por supuesto, en
cada región necesitaremos adaptar nuestro enfoque a
circunstancias culturales y sociales diferentes.
En el caso de la RDC, lo más probable es
que trabajemos con mujeres y adolescentes que han sido
violadas recientemente y cuyos traumas están muchos más
frescos que aquellos de las mujeres con las que trabajamos en
Ruanda. Como es una región en
guerra, sé que nuestra seguridad no puede ser garantizada
plenamente, pero, honestamente, sería difícil para mi vivir si
no hiciera algo para intentar ayudar. |
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