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Home Salud Decídete El paraguas
Sábado, 17 Diciembre 2016 20:11

El paraguas

 
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Hoy es un día de lluvia y tengo muchas compras por hacer. Listas interminables de regalos, papeles para envoltorios y alimentos, velas aromáticas, música navideña, y tarjetas de fin de año a ser enviadas. Un día como tantos otros en Diciembre, mi mes preferido para dar y recibir. El mes de invitados, abrazos y buena comida.

Mientras camino, me pregunto: ¿Qué desearía dar y qué me gustaría recibir en estas fiestas? Me concentro en mi pregunta y la contestación viene a mi mente fácilmente… ¡deseo dar y recibir sonrisas! Si, estoy segura. Me propongo entonces ir en busca de ellas.

Me dirijo desde mi auto hacia un edificio donde negocios ofrecen grandes ofertas, para quienes como yo, desean crear sonrisas en los demás. Llueve torrencialmente, lo cual hace de esta tarde, una ocasión muy especial para pasarla dentro del centro comercial. Corro bajo la lluvia protegida por mi paraguas. Me siento tranquila debajo de él, como si éste fuese “mi casita temporal en momentos inoportunos”. La puerta de entrada al local parece estar mas lejos que de costumbre, pero no me preocupo, mi paraguas me protege.

Al acercarme más y más a mi destino, me conmueve el ver personas corriendo apresuradas, sin ningún resguardo ante el inclemente tiempo. Me digo a mi misma: prevenir es importante en la vida, al igual que el estar informado de lo que potencialmente se viene. No me considero una persona muy precavida, pero… siempre cargo mi paraguas en el automóvil, por si las dudas; al igual que uno carga el traje de baño antes de comenzar un lindo viaje.

Mientras disfruto de ver las chispitas de agua en el pavimento, mi mente sigue divagando. Sería bueno que nuestros hijos aprendiesen, con nuestro ejemplo, el estar prevenidos, para así no tener que correr apresurados por la vida. Sería bueno que ellos se sientan protegidos y aprendan a disfrutar de cada momento, sin temor a las cosas que nos hacen perder la calma y sentirnos indefensos. En ese mismo instante, un auto pasa cerca de mí a toda velocidad, levantando una cortina de agua del pavimento inundado por la lluvia de la tarde. El chapuzón me moja de arriba a abajo, y no puedo más que largarme a reír sin parar. ¿Te das cuenta? -Me digo con sarcasmo- Nada en la vida nos puede asegurar el estar protegidos completamente. En la vida no hay garantías de ninguna clase. Será por eso que es bueno tomar la vida suavemente, como lo hacen los niños cuando van a los juegos de la plaza; mientras se divierten pueden llegar a golpearse, pero el riesgo siempre vale la pena.

Mi paraguas, puede ser mi protección mínima ante la lluvia en esta tarde de diciembre, pero… nada en realidad me puede proteger de lo que pudiese llegar a pasar. Si lo pienso con detenimiento… eso puede ser en mi vida algo altamente atemorizante o inmensamente excitante. Depende de qué punto de la ecuación lo decida ver. Si mientras camino, protegida por mi paraguas, le doy rienda suelta a todos mis temores, a lo terrible que podría pasarme o que pasó, lo más probable es que me transforme en una persona completamente aterrada de salir a disfrutar de la vida, de experimentar cosas nuevas, de relegar el control. Por el contrario, si mientras camino me concentro en lo hermoso que es el disfrutar de la lluvia, el olor a humedad en el ambiente, lo gracioso del chapuzón que me dieron sin aviso, las cosas que compraré al llegar a mi destino, y las sonrisas que crearé en todos mis seres queridos, entonces… mi ser se sentirá altamente energizado y despreocupado. Por consiguiente, nada que me suceda me hará perder la sonrisa. Simplemente por que… me siento dispuesta a pasarla bien, no importando lo que pase.

Estoy aun en camino hacia la puerta de entrada de la gran tienda. Me acerco suavemente a una anciana quien, caminando muy lentamente y protegida con sólo una cofia plástica en su cabeza, parecía tener mucho trabajo en impulsarse hacia adelante. Le ofrezco compartir mi paraguas y ayudarla a cruzar la calle. Con una gran sonrisa me permite hacerlo. Llegamos así las dos juntas, al local de las grandes ofertas navideñas; donde cada una de nosotras comienza su propia búsqueda de “las sonrisas” para la familia y amigos.

Entonces, no puedo más que pensar: ¿Ahora te das cuenta? …No te preocupes tanto por cómo las cosas han de suceder. Simplemente… haz lo mejor que puedas a cada momento de ahora en más, entonces…aunque la vida te brinda sorpresas inesperadas…siempre habrá ayuda a lo largo de tu camino.

Alegrías y sabidurías para ti en este año que se aproxima,
Mónica Elena
www.MonicaElena.com

 

 

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