Cada mañana nos trae un nuevo despertar, donde las posibilidades son ilimitadas. Tomemos el tiempo para meditar sobre cada decisión que tomamos en este nuestro nuevo día. Si las tomamos apresuradamente podemos correr el riesgo de decidir en base a nuestros miedos arraigados con los años. Meditemos en las posibilidades en frente nuestro y optemos por las que nos hacen sentir entusiasmados. Elijamos aquellas que requerirán una acción fuera de lo común, aquellas que nos invitan a crear algo nuevo, con diferentes modalidades de las que hemos hasta ahora llevado en nuestra vida.
El silencio es el mejor amigo del hombre y de su mente acelerada. Hagamonos amigos de él y de su inconmensurable sabiduría. Al igual que el agua estancada, una mente apresurada no puede discernir con claridad. Cuando el silencio nos cobija, transforma el lodo de pensamientos alocados en un manantial de puras posibilidades. Cuando estamos en reposo estamos con Dios. Entonces, toda respuesta llega en gran plenitud y con el mayor potencial desplegado, para que nuestro ser, pueda volar aun más alto de lo acostumbrado.
No nos apresuremos, escuchemos los sonidos del silencio. En él están todas las soluciones que nuestra mente en vano persigue día a día. En el silencio no hay opresores ni juzgados, no hay preferidos ni desprotegidos, tampoco humillados ni alabados. En el silencio sólo hay paz y en esa paz hay infinitas posibilidades, perfectamente alineadas, incluyendo y afectando a todos los que están en contacto con nosotros.
Demos un paro a nuestro andar y en este comienzo de año, manejemos nuestra vida con la inteligencia del corazón. Demonos la oportunidad que hemos deseado por tanto tiempo. Sólo el silencio y su claridad nos demostrarán que sí podemos vivir nuestro sueño.
Evitemos la tentación de querer emitir juicios hacia los demás. Concentremonos en enjuiciar nuestra falta de paz e inmediatamente volvamos a ella con placer, con afán; sabiendo que ella es la fuente de sabiduría que nos da todo, en el momento más oportuno.
Evitemos contar los meses, días y minutos que faltan para que nuestros anhelos estén desplegados en nuestras vidas. Dejemos que maduren a su tiempo y podremos así saborear su dulce manjar como frutas maduras del árbol de la vida.
Seamos conscientes que el miedo y los demás síntomas que nos producen malestar, son sólo el reflejo de un infierno que podemos evitar. Sin tan sólo respiramos profundamente y nos deleitamos en la paz que llega, al estar desconectados de una realidad que no debería estar.
No protestemos porque la vida no nos ha dado lo que soñáramos. No nos convirtamos en llorones de nuestras ineficiencias cotidianas, de esa forma nunca llegaremos a ser felices. Alegrémonos mas bien, porque nuestros sueños están tomando su tiempo, y de seguro hay algo grandioso para nosotros en camino. Dejémoslo que llegue, invitándolo con amor y sonrisas.
Al despertar preguntemonos: ¿Cuales son las cosas maravillosas que pueden pasar en mi vida en el día de hoy? Mantengamonos atentos, vislumbrando y agradeciendo cada momento que nos trae una sonrisa.
Pasamos la vida recordando nuestras viejas penas o creando nuevas, para un futuro que desde el vamos ya está mal sembrado. Dejemos pues, solo por este año, nuestras costumbres obsoletas, y practiquemos el estar inmersos en el silencio, donde somos completos. En él la vida es eterna. En él cada situación tiene un final adecuado. En él tenemos siempre la posibilidad de mejorar cada etapa de nuestra existencia. Este momento, en el que estamos en silencio, iluminamos y somos mucho más de lo que hemos sido a lo largo de nuestra vida entera. En él creamos, pensamos, sonreímos, aceptamos, disfrutamos y nos llenamos de energía vital.
El silencio es el comodín de nuestro magro juego existencial, lamentablemente muy pocos hacen uso de él. Quien vive en silencio mental, habla sin pronunciar palabra, escucha sin juzgar, crea sin sufrir; responde a los demás, como un espejo completamente limpio, refractando la energía que hay en el ambiente. En su ser, todo sucede sin hacer huella, nada quema; no hay molestias de esta vida desenfrenada, que puedan llegar a él. Los dolores, incertidumbres y arrebatos del ego, no tienen cabida en el ser inmerso en el silencio infinito.
Despojémonos, en este nuevo año, del bagaje que tanto pesa. Dejemos ir la ira, el rencor, la falta de perdón. Ignoremos la impotencia que paraliza: hija de la incertidumbre. Acerquémonos a la luz, bañándonos en la tranquilidad de la fe. Caminemos sólo mirando nuestro próximo paso, sin alterar nuestro corazón por lo que vendrá o lo que sufrimos.
Este 2012 es nuestro año para aprender a volar más alto que de costumbre. Es la fecha apropiada para despojarnos de nuestro viejo bagaje de sufrimientos impuestos por nosotros mismos. La plenitud con la que siempre soñamos, estará a nuestro alcance de ahora en más. Caminemos a paso lento, siempre en silencio. Descansemos lo más que podamos. Brindemos tiempo y amor a los nuestros. Recordemos: lo material va y viene, la salud y el intelecto también. Es nuestro ser de luz, quien siempre estará saltando las bayas de la vida, por toda la eternidad.
Todo a su tiempo, sonriamos, despreocupémonos. Nos liberemos de los lastres y dejemos nuestra luz brillar. El mayor regalo de amor que podemos dar a los demás es el estar en silencio mental y espiritual. Entonces, todos se benefician al nosotros estar en Dios. En él encontraremos las respuestas que este año 2012 traerá para cada uno de nosotros y nuestra eternidad.
Alegrías y sabidurías para ti,
Mónica Elena
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