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Home Salud Decídete Monica Elena

Monica Elena

Tarde o temprano todos llegamos al borde de lo que podemos soportar. Ese punto en el que nuestro ser nos dice mentalmente “Esto debe mejorar”.

Hoy comenzaré a vivir de Nuevo. Dejaré atrás mis lamentos, mis tristezas y mis miedos. En este nuevo día, me concentraré solamente en todo aquello que trae bienestar a mi ser; que me hace sonreír y sentirme llena de satisfacción. Hoy mi vida comienza un nuevo ciclo y en él todo lo fascinante y maravilloso crecerá a mi alrededor y dentro de mí. No perderé más tiempo pensando en las tantas cosas que no están funcionando bien en mí o a mi alrededor; ni tampoco en aquellas personas que brindan solo pesares a mi alma. Tampoco he de pensar en las deficiencias de mi cuerpo físico, ni en el dinero que falta. Hoy, solo me concentraré en dar amor a todo aquello que amo, que me gusta, me divierte, me deleita. No importa si lo tengo en mi posesión o no. solo importa que yo le de amor. Porque el amor lo cura todo. Porque el amor acrecienta todo lo bueno. Porque el amor lo puede todo.

Por fin comenzó la temporada de verano. Estoy manejando el auto que papá me compró para que pueda movilizarme desde la casa, que comparto con otras chicas, hasta la universidad donde tomo clases. Hoy me dirijo a casa de mis padres. Me esperan muchas horas de viaje, muchas horas al vicio. Por suerte tengo un cigarrillo “especial” y vino para apaciguar el aburrimiento del camino. Me gusta manejar, me siento libre. Trato de no pasarme de la velocidad máxima. Me siento una mujer madura cuando estoy al volante. Tengo todo bajo control.

Llegué y en tiempo record! Pasaré un mes en familia, para luego comenzar mi último año. En las clases que he tomado hasta el momento, me han asegurado que no será fácil el conseguir trabajo una vez que me reciba. Los profesores dicen que los profesionales están a la deriva, que la economía está en decadencia y que en otras palabras, terminaremos trabajando de gratis. El futuro no luce como me lo pintaron tiempo atrás. Por suerte aun me queda un año entero sin preocupaciones económicas, ya que mis viejos me pagan todo, incluida una mensualidad para gastos de ropa y comida y que yo, como la gran mayoría de mis amigas, prefiero gastarlo en vino, marihuana y algo de comida chatarra. Todos mis amigos hacen lo mismo, así que no creo que sea algo inusual.

Por suerte aquí en casa de los papis, el vino es cosa de todos los días. Ellos ni cuenta se dan cuando me quedo despierta, noche a noche, hasta la madrugada; tomando tres, cuatro o más botellas de vino reserva. Mis padres están tan ocupados con sus propios lamentos que no tienen tiempo, ni interés, en saber de mi vida. En saber el porqué me mantengo ahogando mis penas en el vino.

A veces pienso que sería bueno hablar con alguien que me entienda y no me critique. Poder largar todo lo que tengo dentro de mí. Aunque, a menudo, ni yo quiero saber lo que llevo dentro. El mundo en el que vivo parece estar a la deriva, igual que mí ser. No siento que tenga algo bueno en mi, ni porqué vivir, ni porvenir. Eso significa que podría ser “por siempre” dependiente de mis viejos. Si esto pasara ellos estarían muy desilusionados de mí. Pienso que no sirvo para nada. Como me dice mi viejo: -“Sos una chica muy extraña”. Me gusta ser extraña, por lo menos no soy común. Aunque común signifique que tenga una profesión adecuada a la sociedad de este momento y sea inteligente como mis hermanos, quienes son muy exitosos.

Ya se fueron a dormir todos. Mi mente no tiene descanso, prefiere entretener mis sentidos con la tele y sus cosas tontas. Me siento identificada, me siento acompañada. Fumando, tomando, mirando programas que muestran a los hombres actuando estúpidamente, se me pasan las horas, hasta que mi cuerpo me implora reposo. Entonces, subo gateando las escaleras hasta mi cuarto, total… nadie ve el daño que me ocasioné. Dormiré hasta eso de las cuatro o cinco de la tarde, total a nadie le importa, mucho menos a mí. En casa todos piensan que “la nena” se merece su descanso después de tanto estudiar todo el año.

Que ganas de gritar y de que alguien me escuche y me socorra. Si alguien tomase su tiempo para preguntarme ¿Cómo estas? ¿En qué te puedo ayudar? Tal vez le diría que estoy bien y que no necesito ayuda de nadie, como lo hago de costumbre. O tal vez, por primera vez, abriría mi corazón y expresaría lo mal que me siento; lo inadecuada y fea que a mis ojos me veo. Parezco no ser parte de esta familia tan perfecta. También le hablaría de lo aburrida que es mi vida sentimental y de lo que se aseguraron en la universidad que aprendiese: -Aprendan todas las técnicas que existen, trabajen arduamente creando sus propias creaciones pero recuerden que…no existe un futuro provechoso para Ustedes.

Por todo esto es que me ahogo en el vino y demás. No se cómo mejorar mi propia vida. No se cómo cambiar mi foco de atención de lo que me falta a lo que tengo y me hace sentirme bien. Mis viejos me dan todo lo necesario económicamente. Si tan solo me dieran un empujón para arriba y no, como de costumbre, para abajo. Si tan solo encontrase en mí la fortaleza que no veo en los mayores. La esperanza de una vida mejor que muchos ya dejaron a un lado.

¿Por qué algo tan esencial como tomar el control de nuestras vidas y aprender a ser felices, no es todavía parte de la educación de nuestra juventud? Pienso que una clase debería ser obligatoria en cada campo universitario: “Como diseñar mi vida” sin tener que ser igual o repetir los errores de nuestros progenitores. Entonces no tendrían que preocuparse tanto por las alarmantes estadísticas de chicos alcohólicos o drogadictos. En esas clases aprenderíamos a manejar nuestras emociones y pensamientos, sin necesidad de ahogarnos en estupefacientes o alcohol.

Dicen que este universo siempre nos habla, brindándonos las respuestas más adecuadas; dicen que es solo cuestión de aprender a estar atentos para asimilar los mensajes. Hoy por primera vez en mi vida me sentí atenta a una respuesta y solución para mi vida. Prendí la tele y el mensaje del comercial decía: Si deseas algo, comienza a darlo a los demás y te será otorgado.

Por eso hoy finalmente siento que tengo un propósito de vida, el de ayudar a mis amigos a tener fe y esperanza en una vida mejor. A salir de la dependencia del alcohol y otras cosas negativas. Además, creo que ayudando a los demás me estaré ayudando a mi misma. Juntos aprenderemos a diseñar una vida más productiva. Podremos lograr la implementación de clases que nos llenen de optimismo y determinación. Juntos, pronto renaceremos a una nueva y provechosa vida. Juntos somos poderosos.

 

Alegrías y sabiduría para ti,

Mónica Elena

Papá se fue de su pueblo cuando era muchacho. Dejó su tierra, su casa y sus hermanos, para aventurarse a un lugar lejano, con más posibilidades de trabajo.

Mi viejo nos cuenta que en ese entonces, recién llegado y a pesar de tanto trabajo, siempre se hacía un tiempo para jugar un “mano a mano” mientras escuchaban unos tangos en la radio del vecino del lado.

Geranios en flor, plantados hace añares con mucho amor. Claveles, cactus y reina mora, colorean el pequeño jardín que mamá con cuidado poda. Una selva en miniatura, que con empeño y dedicación ella adora. Sus plantas son una extensión de su alma, las flores sus abrazos y carcajadas. Aunque mamá siempre esta atareada, como una hormiga que nunca descansa, siempre encuentra tiempo para hablarle a sus plantas y mientras las riega… también les canta.

Desde hace unos dos años tengo el privilegio de alojar, en mi jardín, a una pareja de pajaritos (Zorzales pechirrojo o también conocidos como Robin Americano). Cada primavera llegan desde el estado de Florida, donde pasan el invierno. Sin prisa y sin pausa comienzan a construir su nido en algún lugar resguardado del viento, la lluvia y animales salvajes, en el fondo de casa.

En la cima de una colina, entre chañares y espinas, había un aljibe, un caballo y unas cuantas gallinas. Ahí, bien alejado del pueblo, para el que camina, se encontraba la vivienda de una familia. Adentro solo lo necesario: una mesa y cuatro sillas, cuatro catres y una ventanita. Afuera el horno echando chispas y siempre ropa tendida. Ellos vivían de fabricar y vender sus artesanías; como lo hicieron sus antepasados, siempre desde lo alto de la colina.

La hija mayor al pueblo iba, en su caballo cargado hasta las manijas. Ya en la plaza central, ella ofrecía a los turistas con ‘guita’, aquellas hermosas vasijas. Así le pasaban los días, sin mayores noticias. Durante una de sus visitas al pueblo y mientras vendía, uno de los turistas vio la belleza, pura y simple, de la jovencita. Le dio charla en un español un poco forzado. Le hablo de su pago, de su hogar todo arreglado; donde nadie lo estaba esperando.

Una linda amistad entre los dos se fue gestando. Un día el gringo enamorado, subió la colina hasta llegar al altiplano. Mientras compartía con la familia unos mates con pan casero aun ahumeando, el gringo pidió su mano. Demás esta decir que los padres quedaron asombrados, pero de todos modos a la hija le entregaron.

En poco tiempo, al país del norte llegaron; mano en mano, los dos ilusionados. Pronto su propia familia empezaron, dos hijos gestaron. El siempre trabajando, ella hablando un inglés quebrado y extrañando el pago; se sentía muy sola en ese país lejano. Añoraba sus padres, su caballo y su hermano. A sus hijos les hablaba de su vida allá en el campo; cocinando, creando y cabalgando. De lo puro que era el aire y de lo bello del paisaje. De la inocencia de la gente y de la claridad del estanque.

Un buen día, su marido no volvió de viaje y le avisaron que el gringo había tenido un ataque. Su vida y la de sus hijos cambio en ese instante. Tubo que echar coraje y seguirle pa’lante. No le fue fácil, como a todo inmigrante. Todos le decían que lo que sabía hacer no servía, en aquella ciudad tan grande. Pero como mujer y madre tenaz, resolvió expresarse aunque a nadie le interesase. Decidió que haría lo que ella añoraba elaborar desde que dejo su viejo paraje.

Comenzó así a moldear el barro, esta vez comprado. Vasijas y platos, toditos pintados. Colores propios de su tierra, todos brillando. Trabajando, su tristeza se fue apagando. Ofreciendo de tienda en tienda, fue caminando. Recordando a su caballo, valoró lo que éste hizo por ella, allá en el pago. La pesada carga en su espalda, se fue alivianando. Los años pasaron y la cosa fue mejorando.

Sus hijos, siempre bien cuidados, hasta la escuela terminaron. Orgullosos de su madre, trabajando siempre con el barro. Ellos poco a poco se fueron alejando, para seguir estudiando. Sola y con más tiempo en mano, se propuso seguir ayudando a todo aquel que había dejado su pago, para venirse a buscar suerte a este país lejano. Fue así que llegó a tener muchos paisanos trabajando el barro. Todos unidos y creando. Siempre recordándoles que aquí sí podemos seguir jugando mientras trabajamos. Cada uno de ellos aspirando a llegar más alto, haciendo lo que les gusta, sonriendo y tarareando.

Mujer simple de campo, que la vida llevara remotamente por un amor lejano. Saliste adelante y hoy ves que no fue en vano. Tus hijos, ahora abogados, no necesitan tenderte una mano; pues tu sigues creando lo mismo que amabas hacer allá en el agro. Y todo se te va dando.

No escatimes tu servicio, haciendo algo que no lleva tu canto. Tus dones son para ser dados - Le dices a tus paisanos - Recuerda quien tu eres, de donde vienes y el poder que tienes, y la vida te bendecirá con creces.

A pesar de tus muchos años aún sigues guiando, con tu simple sabiduría de campo. Con la tenacidad que aprendiste allá en el altiplano. Con la fe de tu corazón puro y calmo.

Feliz Mes Mujer,

Mónica Elena
© 2014 HYPERLINK "http://www.monicaelena.com" www.monicaelena.com

 

 

Hace varios días que está nevando y siento que me estoy ahogando. Mi mente sigue añorando momentos vividos con mis amigos, en el verano. Aquí confinada, sin poder salir de caminata o disfrutar del sol de la mañana; me acurruco en un sillón junto a la ventana. Saboreando un mate, aun en pijamas.

En esta temporada tan gris, mi corazón se siente infeliz. Tanto gris evita el poder compartir. Siento en mi que necesito dar y recibir. Pero las calles siguen cubiertas de nieve y nadie puede salir. Parece que todos estamos aislados en un gran vacío a medio vivir.

El amor y la amistad inundan ese vacío, cuando estamos entre amigos y reímos en unísono. Cuando nos estrechamos en un abrazo, nos sentimos vivos. Cuando escuchamos las tristezas y desvaríos de un amigo perdido. Cuando reímos juntos saboreando un buen vino. Cuando en una mirada comprendemos lo que le pasa, a un amigo que no habla, de la tempestad en su alma. Cuando a una lágrima derramada le prosigue una cariñosa palmada.

Para mi el amor y la amistad, son como el buen vino, a medida que pasa el tiempo se van poniendo en equilibrio. Para mantenerlos vivos, debemos dejar ir los rencores y malos entendidos; por que cuando amamos a un amigo, solo miramos lo bueno del “misio” y tratamos de recordárselo en sus tiempos sin trinos.

El amor y la amistad son como un sube y baja de la plaza más cercana. Cuando estoy abajo me ayudas tú y cuando vos estás bajando, yo te recuerdo quien eres tú. Y si los dos nos podemos mantener bien erguidos, entonces todo es carcajadas, monadas y más vino. Y si los dos, tirados a la sombra de un árbol estamos recordando y sollozando, uno de los dos, tarde o temprano largará una broma. Sacándonos del pantano de viejos errores y amores lejanos.

Amigos del alma, aquellos en los que podemos confiar nuestras más grandes esperanzas; son seres que nos retornan la inteligencia y bondad, que a veces perdemos cuando solo podemos llorar. Es interesante verlos actuar. Saben como decirnos las cosas que necesitamos escuchar. Nos brindan calma, como cuando tomamos juntos unos mates en la playa y sin hablar, el mate frío recargan. Compartiendo un espacio en común entre alma y alma.

Pienso que para tener la dicha de tener esa clase de amigos, debemos aprender a dar cariño. De eso se trata la amistad, dar tiempo y sonrisas. Escuchar sin tener prisa. Acariciarlos como si fuesen niños sin padres, hambrientos de amor y coraje.

Cuando nutrimos a un amigo, lo sacamos de la terrible corriente de la creciente del río. Así, del amor en todo su esplendor somos testigos. Y cuando a nosotros la corriente nos lleva río abajo, son ellos los que tienden sus brazos. Cargándonos, desmayados, a un lugar a resguardo. Hacer este acto de amor nunca es fácil, te lo aclaro. Pues el laberinto de otro ser es extraño. Ayudarlo, equivale a estar dispuesto a dejar atrás a nuestro rebaño, para vivir la realidad de ese amigo que se esta ahogando. Más, cuando hay amor nada es en vano. Todos salimos ganando.

Afuera sigue nevando y al recordar, aquí en mi soledad, a todos esos mis amigos mateando, no puedo más que sentirme abrigada por los recuerdos del pasado. Me inunda una gran sensación de protección, al darme cuenta que ellos están allí para mi salvación. Yo estoy en esta vida para brindarles mi amor.

En tiempo de invierno, le demos tiempo al tiempo. Estamos unidos por algo muy tierno; todos volveremos a vernos y seguiremos creando nuevos y excitantes momentos.

Feliz día del Amor y la Amistad,
Mónica Elena
© 2014 por HYPERLINK "http://www.monicaelena.com" www.monicaelena.com

 

Querido hermano,

Hoy tuve la dicha de encontrar tus ojos mirándome tiernamente, desde lo más hondo. Me sumergí en ese “tu cosmos” allí donde tu ser no tiene fondo. Nadando de galaxia en galaxia, conocí tus dones y tus falacias. Sentí tus penas y tus ansias, tus anhelos y los olvidos de tu alma. Allí donde tienes guardados tus tesoros más preciados, me sentí un silencioso testigo de tus sueños más complicados. En lo más profundo de este “todo” me envolví con tu música como si ésta fuese un manto que me mantiene a resguardo. Cuanto amor hay en tu canto. Cuanta felicidad y dolores lejanos. Como si me llevases de la mano, me vi volando de un árbol directo al prado y en él jugamos, como cuando fuimos pequeños hermanos.

Hoy es una tarde como cualquier otra en esta primavera sin igual. El sol brillando a todo dar, desplegando tonos muy brillantes en los árboles y arbustos del lugar. Los pájaros están ocupados en sus distracciones favoritas, construyendo el nido y buscando comida. Las plantas creciendo aceleradamente al igual que el césped. Me pregunto ¿Por qué razón cortamos el césped cada tanto y permitimos que las demás plantas desplieguen todo su esplendor y su encanto? ¿Será que sentimos la necesidad de limpiar el camino, aunque cueste el dolor de un simple ser vivo? o ¿Será que también discriminamos al igual que otros lo hacen contra quienes no vislumbran aun el camino?

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