Navidad de todos y para todos

  

¿Qué es la Navidad?

La Navidad es una época del año que inspira esperanza. Es el sostén para las esperanzas más importantes de la humanidad. No resulta fácil explicar por qué experimentamos esta clase de sentimientos cada vez que escuchamos o incluso vemos estas historias de Navidad, es como si el corazón palpitase en nuestro pecho con mayor intensidad. Quizás porque nos recuerdan que la vida tiene un sentido que va mucho más allá de vanidades absurdas propias de un mundo estrictamente materialista e insubstancial. A lo mejor nos recuerda que en nuestro afán por vivir nos olvidamos de vivir. Lamentablemente el verdadero sentido de la Navidad se ha perdido de vista entre tantos intereses que no son los de su verdadera naturaleza. Pues como alguien dijo una vez: «A veces, de tanto hacer algo, se nos olvida porqué lo hacemos o para qué sirve». Algo similar ocurre con la Navidad. Es cierto; yo tengo treinta y cinco años y es la primera vez que me pregunto cuál es el verdadero sentido de esta fiesta.   En todo caso, y aunque gran parte del mundo desconoce su historia, o para muchos otros suponga otra cosa, el fin de esta fecha ha sido el de celebrar el nacimiento de Jesús. El término navidad procede de natividad (nativitas: nacimiento del latín). Es una fiesta que se remonta a los primeros siglos de la iglesia católica y se ha festejado de diversas maneras a lo largo de la historia. La iglesia (está claro que hablamos de la católica) introdujo la fecha del nacimiento de Cristo a la liturgia cristiana allá por el siglo II atendiendo al mandato del Papa Telésforo. Es cierto que no sabemos la fecha del nacimiento de Cristo, pero no debemos dejar de observar que no se festeja la fecha en sí de este nacimiento, sino el hecho de que haya ocurrido. En principio se utilizaron para estos festejos representaciones teatrales que pretendían ilustrar a la gente sobre las bondades de la religión. Fue durante la Edad Media que se introdujo a la celebración navideña los villancicos, la tradición del nacimiento y el banquete de clausura. Y a partir del siglo XIX las celebraciones navideñas dieron un cambio donde se añadieron otros elementos a la celebración. ¿Sabías que el árbol navideño es una costumbre germana?, pues fue incorporado a la celebración en esta fecha y se extendió primero por toda Europa y luego a América. También comenzaron a ser utilizadas las tarjetas de Navidad, de origen inglés. Se dio inicio a la leyenda de Santa Claus con su trineo y la bolsa llena de juguetes (invención estadounidense). Y como éstas, muchas cosas más. Sin temor a equivocarnos podríamos afirmar que la Navidad es una mezcla de costumbres y tradiciones que se ha ido fraguando a los largo de los años. Pero detengámonos un momento y recordemos qué significa la Navidad para la mayoría de nosotros y de qué manera la vivimos. Por sobre todas las cosas es una festividad de la familia. Es la oportunidad (muchas veces la única en todo el año) en que todos se reúnen para compartir un momento y pasarla de la mejor manera posible. Pero esencialmente es una celebración muy especial para los niños, quienes viven la Navidad de una manera única cuando aparecen los regalos como por arte de magia. Estoy seguro de que todos nos sentimos un poco niños cuando se acercan estas fechas. En conclusión: la Navidad es el mejor momento para encontrarnos a nosotros mismos y sacar hacia fuera las mejores cosas de nosotros. También es momento para pensar en los demás y recordar que la suerte de unos es causa y efecto de la suerte de otros.

 

Navidad y pobreza

Seguramente se pregunten porqué este artículo se titula de este modo: Navidad de todos y para todos. Resulta que es en esta época del año cuando menos nos acordamos de la pobreza que viven millones de familias. Precisamente sobre esto discutía hoy por la mañana con uno de mis amigos a quien le comenté que estaba escribiendo este artículo; él insistía con que es en Navidad cuando más nos acordamos de aquellos que viven en la pobreza, puesto que el resto del año nos lo pasamos bajo el estrés de nuestros propios problemas, pensando en el trabajo y en el dinero. En cierto modo eso es verdad. Pero más tarde reflexioné un instante, y me dije que él estaba equivocado, ya que en Navidad solamente nos preocupamos por nuestro propio bienestar y muchas veces (sino todas) nos esforzamos para que no haya lugar en nuestro corazón para el dolor de los demás. Sólo queremos pasarla bien junto a nuestra familia y nuestros amigos. No pretendo con esto decir que la Navidad tiene aspectos negativos (si algo o alguien tiene aspectos negativos somos nosotros: los seres humanos), pero sí quiero hacer énfasis en que esta fecha debería servir, al menos, para que seamos capaces de ver nuestras peores cualidades; aquí cabe señalar que, como bien dijo Alberto Laiseca, no existen las cosas malas ni las cosas buenas, sino que en cada una de ellas hay un poco de la otra. Pues bien, que sirva la Navidad para rescatar todo lo bueno que hay en nosotros como personas y como humanidad y hacer de eso un modo de vida los 365 días del año. Si logramos que la esencia de la Navidad se mantenga con vida siempre, estaremos alcanzando, sin dudas, un mundo mucho mejor. Como bien mencionamos en parágrafos anteriores, la Navidad ha ido perdiendo paulatinamente su verdadero sentido; sea cual sea este sentido, se aparta mucho de la interpretación consumista _ materialista que la sociedad moderna hace de ella.  Es la fecha en la que todos los excesos parecen estar permitidos; y es cuando los pobres se sienten aún más sumergidos en su miseria. Para muchos de nosotros serán días de celebraciones, cenas y reuniones en familia, gastos y prosperidad. Nuestros hogares serán decorados con el árbol y el pesebre. Muchas familias se reunirán y compartirán su alegría e intentarán olvidar, cuando los haya, enojos y discordias. Por contrapartida, para millones de personas en todo el mundo, esta Navidad no se diferenciará de ninguna otra. La privación, la necesidad, el sufrimiento eterno, la resignación, la desesperanza, el no saber qué hacer, la impotencia, el hambre…, se cosechan y se seguirán cosechando a ras del suelo. Resulta absurdo que en un planeta con suficientes alimentos para todos, treinta millones de personas mueran de hambre cada año. Otros ochocientos millones se encuentran subalimentados. ¿Alguna vez nos preguntamos cómo nos sentiríamos si nos tocara vivir esa suerte?, que fueran nuestros hijos los que no tuvieran un pedazo de pan para llevarse a la boca. Ni hablar de una cena navideña. Porque cuando hablamos de pobreza hablamos de eso: de hambre y de muerte, de familias enteras destruidas que no encuentran un propósito en su pasaje por la vida más que el de producir riqueza para que otros se enriquezcan. ¿Quieren saber algo?: cada uno de nosotros, con nuestro afán consumista, cargamos con la culpa.

La gran verdad es que para la inmensa mayoría de la gente del planeta la Navidad no es una noche de amor y de paz. Lógicamente, a poca gente le atrae que hablemos de estos temas en fechas tan especiales. Los políticos de turno debaten permanentemente el problema de la pobreza mientras se llenan los bolsillos con los sueldos onerosos que nosotros les pagamos; a todos los países les preocupa el tema de la pobreza, es algo que escuchamos casi todos los días; irónicamente también se jactan del crecimiento sostenido de sus economías. El FMI y el Banco Mundial anuncian que van a combatir la pobreza, mientras lo único que hacen con sus políticas macroeconómicas es generarla. Desde mi punto de vista, el principal y más serio problema que sufre la lucha contra la pobreza es que está siendo dirigida por los ricos; no nos olvidemos que cada uno lucha para sí.    Hagamos que la Navidad sea de todos y para todos. Que no nos vengan con eso de que lo más importante es el espíritu navideño, porque mientras algunos llenamos nuestras mesas con abundante comida, con risas y festejos, otros se preguntan qué van a dar de comer a sus hijos el día de mañana, o esta misma noche. Hagamos que la Navidad se transforme en un modo de vida, y entre todos exijamos a nuestros gobiernos para que desaparezca la miseria del mundo. Que los políticos no se olviden que somos nosotros quienes les elegimos para gobernarnos, que es nuestro el poder y no de ellos. ¿Acaso los políticos se preguntan cómo sería ser pobre y tener hambre? No lo creo. Quitémonos la máscara. Seamos francos, me gusta tener mi ordenador, me gusta conducir un auto, o comprar buena ropa, ¿a quién no?, seguramente si fuera un ensayista diría que la pobreza es un mal necesario, porque mantiene a las economías capitalistas en constante equilibrio, pero si todos nos habituamos a vivir prescindiendo del consumismo desatinado, entre todos estaremos dando una gran lucha para erradicar el hambre en el mundo.  Para terminar, se dice que la Navidad es un momento de reflexión. Pues yo digo: hagamos de nuestra vida un momento de reflexión y pensemos que cada uno de esos niños que muere de hambre a diario bien pudo haber sido nuestro hijo. No permitamos que quienes ostentan el poder nos roben la Navidad con sus falsas preocupaciones. Dejemos de comportarnos como rebaño y seamos pastores, porque cada uno de nosotros tiene el derecho y la capacidad para portar el cayado.

 

 


 


 
 
 
 
 
 
 
 
 

George W. Kennedy

 

 
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