SUPLEMENTO ESPECIAL (DICIEMBRE)

 

 

 

EL árbol de navidad que perdió las hojas de un sueño

José y Mary de Maldonado, Uruguay,  llegaron en el 2001 con su hijo José

“El dolor más grande es no poder transmitir esperanza y fe a nuestro hijo con respecto a un cambio en nuestro status inmigratorio, en poder alcanzar la legalidad. Ahora sólo nos queda esperar y ver que sucede antes y después de las elecciones, no espero milagros, pero es la única esperanza en el cuadro serio, difícil, que muchos vivimos y  que linda muchas veces con la desesperación. Esta época del año se nos hace muy duro y caemos anímicamente porque estamos lejos de nuestras familias, de nuestro país ; el clima, el frío nos pone más nostálgicos. No somos desagradecidos con este país, pero el precio que estamos pagando es muy caro”. Cuando el hijo de la pareja se preparó en su High School (Liceo)  para cumplir con los primeros tests para obtener su tarjeta de conducir provisoria, conociendo la imposibilidad de tener la licencia por el tema de ‘los papeles’ y a pesar de haber estudiado y estar en condiciones de pasar el test, no puedo evitar comentarle a sus padres con bronca sincera y juvenil: “ haría el examen todo mal, total, nunca podré manejar en este país”. José  es el hijo único de una pareja de trabajadores uruguayos que han estado participando de proyectos culturales importantes, como fuera la murga de New Jersey dirigida en su momento por Yerar Grimaud.

El arte y las condiciones artísticas que sin duda ambos poseen, han debido ser postergadas porque en primer lugar  para ellos está el trabajo y la necesidad de sacar adelante la familia, realidad que golpea a todos los inmigrantes y que la mayoría jamás elude. Me dice Mary: “No podemos volver a Uruguay, por lo menos no en estos momentos con mi hijo por terminar la HS, que haríamos con el allá?, inscribirlo en 5to grado?, después que ha asimilado un sistema de educación que es completamente distinto al nuestro?, de ninguna manera, estamos acá  por él . Por él también y por nosotros mismos llegamos a este país, la situación no era buena en Uruguay”. 

Seguir esperando y soñar con ser uno más.

La flia. de Víctor y Sandra, sus hijas son: Carol, Tamara y Andrea

Nos vinimos de Uruguay donde antes de venir vendimos lo que pudimos y el resto lo regalamos:  materialmente no tenemos nada en nuestro país. Aquí si bien tengo mi propia empresa, siento que soy o pertenezco a otra categoría, a otra clase social por ser ilegal. A pesar de todos los fracasos que ha sufrido los proyectos de legalización todavía seguimos esperando, pero no vemos salida a mediano plazo. A todos los que se oponen a los proyectos de legalizar la situación de millones de inmigrantes les preguntaría algo:   pagamos miles de dólares a fin de año cuando llega el momento de los taxes,  pero por otro lado nos niegan los derechos que tienen los demás?. Nosotros estamos aquí luchando por sacar adelante a nuestras hijas, encaminándolas para que sean mujeres independientes económica y culturalmente.

Las tres son estudiantes brillantes, con ‘honores’, dos de ellas estudian en New York y la más chica que ingresará pronto al college recibe permanentemente ofrecimientos de diferentes universidades para que ingrese a las mismas. No es fácil, tenemos que pagar y perdimos las esperanzas cuando el proyecto ‘Dream Act’ cayó y no fue aprobado por el Congreso, eso fue espantoso: porque los niños no tienen la culpa, nosotros los trajimos a este país, ellos no son culpables de nada. Aquí en este país hacemos una vida normal, no nos privamos de nada, pero sin duda también tenemos miedo, nunca sabes por ejemplo la antipatía que puede levantar que vean que tu auto tiene chapa de otro estado; salís a la calle y nunca sabes que puede pasar. No puedo evitar sentirme triste cuando me pongo a pensar en el futuro de nosotros, particularmente el mío y el de mi señora,  no tenemos seguro de salud, no podemos aspirar a una jubilación. A veces sueño que soy uno más en EEUU, uno más e igual al resto, con los mismos derechos en un país  en el que desde siempre estamos trabajando y muy fuerte para salir adelante.

INCERTIDUMBRE, la hoja más pesada

Esta familia en Uruguay eran de Piedras Blancas, el jefe de familia (Eduardo) llegó en el año 2000 y en 2001 llegó su esposa Laura con los hijos de ambos (Adrián y Lucía).

Esa es la palabra que encierra y resume la situación de la población ilegal de los EEUU, nos empieza diciendo Laura. El futuro es incierto; hemos estado esperando para nada, y todavía seguimos esperando un cambio para los inmigrantes. Es muy difícil explicarle a nuestra familia en Uruguay lo que nos pasa, ellos no entienden porqué no tenemos los papeles, porqué no podemos viajar.  Es particularmente en este mes, en diciembre, que sentimos la falta de nuestra familia, nosotros aquí estamos solos, somos los cuatro nada más, claro, hemos hecho amigos, pero se extraña mucho la familia, los parientes más directos. Mi madre nos visitó en el 2002, pero después no pudo venir más, le negaron la visa: nosotros pertenecemos a una familia trabajadora en Uruguay, de bajos recursos, ellos no cubren los requisitos para que se les otorgue la visa de turistas.  En el camino se nos han ido quedando amigos, familiares que se van, que se han muerto.  Mis hijos lloraron y sufrieron mucho cuando los trajimos a vivir a EEUU, cuando les comentamos que quizás debamos volver se ponen muy tristes, mi hija Lucía (13) se pone a llorar, ella sabe que no podrá tener licencia de conducir cuando llegue la edad de tenerla, parte de sus sueños están condicionados: es como si estuviéramos viviendo en una cárcel muy grande, es imposible no sentirnos delincuentes, vivimos en un país que no es el nuestro, que nos da migajas, trabajamos por debajo de los niveles salariales, en condiciones muchas veces muy duras que jamás viví, ni conocí en mi país.

Si la bandera para justificar no legalizarnos es el terrorismo, no tiene mucho sentido que nos priven de sacar la licencia por ejemplo, que mejor sistema para recopilar los datos e información de las personas, de tenerlas identificadas, de conocer nombres y direcciones. Tampoco vivo obsesionada, seguimos nuestra vida y tenemos trabajo, no podemos ahorrar es verdad, ya que las rentas -por darte un ejemplo-  son muy caras. El futuro son nuestros hijos, por ellos llegamos y por ellos nos estamos quedando pese a la adversidad en el tema inmigratorio. Mi hijo Adrián (18) trabaja desde su época de High School (Liceo), ahora se graduó y está trabajando de lunes a domingo, pienso que es demasiado pero el insiste que es la única manera de poder tener algo y le dejo porque es joven, tiene la energía necesaria y lo puede hacer. He observado que en este país la gente trabaja hasta muy vieja, no quiero eso para mi, insisto y te repito, el futuro para nosotros es muy inseguro e incierto.

Volver a Uruguay: miedos, dudas y una tímida alegría por el regreso

Familia integrada por Gladys y José, los hijos de la pareja son Romina (16) y Nahuel (4) que nació en los EE.UU.

Esa es la palabra que encierra y resume la situación de la población ilegal de los EEUU, nos empieza diciendo Laura. El futuro es incierto; hemos estado esperando para nada, y todavía seguimos esperando un cambio para los inmigrantes. Es muy difícil explicarle a nuestra familia en Uruguay lo que nos pasa, ellos no entienden porqué no tenemos los papeles, porqué no podemos viajar.  Es particularmente en este mes, en diciembre, que sentimos la falta de nuestra familia, nosotros aquí estamos solos, somos los cuatro nada más, claro, hemos hecho amigos, pero se extraña mucho la familia, los parientes más directos. Mi madre nos visitó en el 2002, pero después no pudo venir más, le negaron la visa: nosotros pertenecemos a una familia trabajadora en Uruguay, de bajos recursos, ellos no cubren los requisitos para que se les otorgue la visa de turistas.  En el camino se nos han ido quedando amigos, familiares que se van, que se han muerto.  Mis hijos lloraron y sufrieron mucho cuando los trajimos a vivir a EEUU, cuando les comentamos que quizás debamos volver se ponen muy tristes, mi hija Lucía (13) se pone a llorar, ella sabe que no podrá tener licencia de conducir cuando llegue la edad de tenerla, parte de sus sueños están condicionados: es como si estuviéramos viviendo en una cárcel muy grande, es imposible no sentirnos delincuentes, vivimos en un país que no es el nuestro, que nos da migajas, trabajamos por debajo de los niveles salariales, en condiciones muchas veces muy duras que jamás viví, ni conocí en mi país.

Si la bandera para justificar no legalizarnos es el terrorismo, no tiene mucho sentido que nos priven de sacar la licencia por ejemplo, que mejor sistema para recopilar los datos e información de las personas, de tenerlas identificadas, de conocer nombres y direcciones. Tampoco vivo obsesionada, seguimos nuestra vida y tenemos trabajo, no podemos ahorrar es verdad, ya que las rentas -por darte un ejemplo-  son muy caras. El futuro son nuestros hijos, por ellos llegamos y por ellos nos estamos quedando pese a la adversidad en el tema inmigratorio. Mi hijo Adrián (18) trabaja desde su época de High School (Liceo), ahora se graduó y está trabajando de lunes a domingo, pienso que es demasiado pero el insiste que es la única manera de poder tener algo y le dejo porque es joven, tiene la energía necesaria y lo puede hacer. He observado que en este país la gente trabaja hasta muy vieja, no quiero eso para mi, insisto y te repito, el futuro para nosotros es muy inseguro e incierto.

Obtener la green card y descubrir que es sólo el principio del camino

Giselle, con sus tres hijos junto a su padre en el feliz viaje de reencuentro familiar.

Giselle, 27 años, uruguaya, llegó con su hijo Franco en mayo del 2001.

“Ni te imaginás cuantas veces hice las valijas de regreso, a la semana de estar aquí me quería volver, extrañaba mucho”. En la historia de Giselle hay muchas vicisitudes personales que en su caso parecen haber sufrido un vuelco definitivo cuando conoce en este país al padre de sus otros dos hijos (Gregory y Dorian) definiendo su situación legal al casarse con un ciudadano americano. En su adaptación sin duda también influyó la llegada de su madre que se radicó en EEUU con su pareja, quien es una compañía y una ayuda en relación a los chicos. “Mi legalización será también el camino para que mi madre y su familia regularicen su situación en el futuro, llevará tiempo, pero por lo menos para ellos hay una esperanza, una posibilidad”. “Volví a Uruguay de visita en agosto de este año, con mi marido y mis 3 hijos, encontré todo muy triste, muy gris, soy de Lavalleja y aquello me pareció deprimente”. “Ni siquiera Montevideo que siempre fue para mi por ser del interior algo especial me pareció tener vida, lo encontré todo tan apagado”. La alegría de ver a mi familia y a mis amigos valió todo el viaje, fue una oportunidad también para que mi hijo mayor viera a su padre, abuelos y demás familiares, no hay que cortar vínculos. Me preocupa...

“Mi madre quiere ver a sus hijos que están allá, muchas veces le entran las ganas de irse, de volver, entonces le digo: “Ni lo pienses, mirá que después de la alegría de la primer semana te vas a querer volver de nuevo para acá”. “En Uruguay en los diarios se habla de la situación de los ilegales, advierten a la gente de que no se vengan, el fracaso de la amnistía ha tenido repercusiones”. “Esperé la ‘green card’ con mucha ilusión, pensaba que era el principio de muchos cambios, que las oportunidades laborales serían mayores, que se abrirían más puertas para mi”. “No es tan así, no he podido encontrar un trabajo mejor al que tengo en una tienda porque preciso mejorar mi inglés y además obtener mi GED, mi diploma de High School”. Uruguay sigue siendo la tierra donde he dejado afectos y una parte de mi vida, en este país siento que  recién inicio un camino, ojalá que todo sea para bien, en especial de mis hijos.

Nota: La inclusión de estas historias en este suplemento de diciembre de Banda Oriental Latinoamérica persigue la intención de llegar a aquellos que inciden o participan en los cambios políticos y sociales, recordarles que la batalla aún no esta pérdida y que hay muchos, muchísimos, que todavía creen en el ‘sueño’ y siguen esperando. Para el resto, que los presentes relatos sean  (entre brindis, celebraciones y regalos), un motivo de reflexión.

 

 

 


 


 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
Lic.Solveig Gurgitano
 
 
 
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